What the world make us make

LO QUE EL MUNDO NOS HACE HACER

ROBERTO CALDERON SOLER

PROLOGO
ENTONCES NO PENSABA QUE MI VIDA ERA NADA EMOCIONANTE
Me dijeron que la pequeña ciudad en la que había nacido se llamaba Fortaleza, bordeando la costa de Brasil, pero eso, si es que fue así, fue hace mucho, por lo menos 15 años, ahora tenía 20, ya casi estaba terminando la nueva carrera de gastronomía y nunca he querido recordar esos tiempos, sobretodo teniendo en cuenta que soy huérfano a partir de los 3 años, siendo así, solo estuve 2 años en el orfanato de Fortaleza, hasta que una pareja (que luego fueron mis padres adoptivos en su gran apartamento de Nueva York) me hizo una visita, pero por supuesto tampoco recuerdo demasiado de eso, debieron ser las luces de neón de la Gran Manzana las que acomodaran mi cabeza a como tenía que estar para que fuera un buen estudiante, puede sonar un poco lamentable en plan de que si no hubiera pasado eso ahora estaría en una escuela para personas disléxicas, pero todo eso sobre mi pasado solo lo sabían mis nuevos padres (y todos acordamos hacer tanto de familia normal que ahora es como si ya nos lo hubiéramos creído del todo), perdonad, creo que no me he presentado, me llamo Nathan y mis padres, aunque no los vea mucho por sus trabajos de ejecutivos, se llaman Jack y Emilly, sin embargo, poco creo que cuenten en esta historia, porque ahora que ya casi me independizado de ellos, he decidido volver a donde pasé la infancia, sí, solo es cuestión de tiempo el que me veas como el dueño y camarero del nuevo y famoso garito de Fortaleza…
1
EL CHICO QUE EN EL FONDO NO HABÍA HECHO DAÑO A NADIE
Después de que llevara una semana de encargado me enteré que para que se construyera mi local, hubo de derribarse otro anteriormente, y ahí iba (además de gente corriente del lugar), gente que se había visto obligada a delinquir para sobrevivir, más que nada porque últimamente ya llaman delito a muchas cosas…así que ahora esa gente venía a mi bar y me contaban sus historias, la primera fue la de aquel chico que por entonces tampoco parecía demasiado desaliñado…
Me contó, mientras se tomaba una copita de tequila, que había huido de el área para enfermos psicóticos del hospital central de Brasilia, si eso era cierto yo creía que solo era cuestión de tiempo el que lo encontraran, también me dijo que había pasado mucho tiempo viviendo en la selva, al menos hasta parecer que ya no le buscaban, pero que si veía algún indicio de que alguien iba a por él, volvería a esconderse entre los frondosos árboles.
2
LOS HERMANITOS POBRES QUE NO TENÍAN ADONDE IR
A todo aquel que me contaba su historia tenía por mi cuenta toda la comida que quisiera durante la semana durante la cual me la contaba, ya que normalmente podían ser muy largas y no permitía más de una historia por semana, de personas diferentes, claro está, la segunda historia me la contaron un par de hermanos, chico y chica, de aproximadamente un año de diferencia…
Me contaron, mientras no paraban de comerse esa gran hogaza de pan, que eran huérfanos desde hace tanto tiempo que ni se acordaban, les habían llevado a sitios de acogida, pero siempre se escapaban, habían estado viviendo aquí y allá, en casa que la gente deshabitaba durante el periodo de verano, la policía les empezó a seguir el rastro seriamente a partir de que fueron mayores de edad, por suerte pudieron seguir huyendo hasta llegar aquí haciendo de polizones en varios trenes de mercancías.
3
EL QUE NO SABÍA COMO HABÍA LLEGADO HASTA ALLÍ
La verdad es que los que me contaban sus historias tampoco pedían demasiado y el negocio iba bien así que no me preocupaba por eso, hasta que vino ese descarriado…
No era más que un drogadicto que tuve la suerte de encontrarlo sobrio, pero no paraba de pedirme cocaína de vez en cuando y yo no dejaba de repetirle que no tenía, pero mientas tanto me iba contando que se metió en la droga a base de ir robando la cocaína que su padre, que era policía, le incautaba a otra gente, pasó mucho tiempo hasta que su padre lo descubriera, y menos mal que no toda la consumía él, gran parte la usaba para comerciar, como se suele hacer, lo peor de todo, y aunque digo que parecía sobrio, es que tal como afirmaba, no se acordaba de como había llegado a la ciudad ni donde había tenido lugar su vida hasta ahora, ni sabia si lo que contaba era verdad o eran recuerdos metidos en su mente, menos mal que se fue pronto…
4
EL QUE NO SABÍA QUIEN ERA EN REALIDAD
El siguiente caso me sorprendió con respecto a los demás, tanto por el contenido como por lo que en sí me contó aquel tipo ya entrado en años que no dejaba de ocultarse y descubrirse con una capa que llevaba manchada y raída y vieja y que no paraba de temblar
Me dijo que había estado robando la identidad de otras personas, haciéndose pasar por ellas para diferentes cometidos, hacerse dueño de una herencia, aprovecharse de las casas y bienes de algunos ricachones tan idolatrados que ni siquiera se daban cuenta de ello y también de otra gente a la que no se merecía que alguien le hiciera eso, y que había estado sufriendo por ello, según él llevaba ya mucho tiempo huyendo y que creía que nunca dejaría de correr, solo había encontrado ese lugar por casualidad…
5
EL EX-POLITICO DE SANGRE FRÍA
No sabía si era por casualidad, pero lo dudaba bastante, el que pasara esta gente tan “extraña” por aquí, menos mal que algunos lugareños en compensación me alegraban el día de vez en cuando…
Era el juez de oficio que ejercía en la ciudad, pero en cuanto me lo conto todo, se largó como si fuera el mismo Houdini, y es que  resulta que, él no sabía porque lo hacía, pero le gustaba usar trabas retorcidas y aparentemente legales para que sus compañeros del ambiente judicial acabaran en la trena, creo que se fue porque vio al agente de policía que acababa de entrar por la puerta y le había mirado con cara de pocos amigos, pero solo se quedó a tomar un whisky después de que dejara las esposas donde les correspondía, debajo del cinturón…
6
EL QUE HIZO QUE EL VASO EMPEZARA A DESPERDICIAR AGUA
Creo que el negocio tampoco iba a durar tanto como esperaba, pues no sabía si merecía la pena pasar el mal trago de esta gente solo por que el local siguiera adelante y en el fondo me viniese bien, después de todo por aquí también pasaban bellas damiselas…
Pero esta mujer me interesó desde el primer momento, y no solo por sus formas contorneadas y porque parecía que aun conservaba algo de Don Juan para estas cosas, sino porque decía que llevaba muchos kilómetros recorridos en varios medios de transporte, ansiaba buscar a alguien que le ayudara, y entonces me enseño un mapa de donde antes trabajaba, antes de traicionarlos a todos, claro está, era del AREA 51, aquella zona perdida, o no tanto, donde desde siempre se ha creído que el gobierno guarda bajo tierra naves espaciales alienígenas e incluso especies extraterrestes en conservación para pura investigación, pero a decir verdad tuvieron suerte de que ellos no consiguieran hacer lo mismo con nosotros, o lo que fuera que hubiesen venido a hacer; ahora esta chica quería hacerlo saber y destruir todo aquel complejo porque pensaba que no era bueno inmiscuirse en lo desconocido y que, entre otras cosas, podían tener consecuencias aquellos experimentos, como, por ejemplo, hacer que un virus se difundiera a raíz de eso y nos empezara a matar a todos.
Al final consiguió convencerme, aunque ya te digo que tampoco le fue muy difícil, llevamos a cabo lo que ella proponía y nos fue bien, vi cosas completamente indescriptibles, y el sitio quedo reducido a causa de un efecto secundario de una reacción química que perdió el control y es que seguro que era eso lo que se merecía.
EPILOGO
DE VUELTA AL TRABAJO
Mucha más gente me contó su historia, pero al poco tiempo me harte de la sensación de que podría ser considerado cómplice de todo aquello si me lo contaban, así que cerré el negocio y me volví a Nueva York, ahí encontré empleo en un buen restaurante, al fin cumplí uno de mis sueños, trabajar en la alta cocina.

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